En este fragmento, Bertrand Russell reflexiona sobre la naturaleza subversiva y revolucionaria del pensamiento libre, argumentando que la humanidad teme más al ejercicio de la razón que a la propia ruina. El autor expone cómo el temor a cuestionar los dogmas y los privilegios establecidos lleva a las estructuras de poder a perpetuar la ignorancia y el conformismo.
A través de una aguda crítica social, Russell denuncia el papel de instituciones como la iglesia y la escuela en la preservación del status quo. Frente a la comodidad del prejuicio y la obediencia ciega, se reivindica la necesidad urgente de vencer el miedo intelectual para alcanzar una auténtica libertad.
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